Bailaría con Guevara
A desaprender y a olvidar
no enseñan la universidades.
No se elige,
aprende uno solo
a rodearse de calamidades.
En las ensoñaciones de la luna,
el mundo camina sobre cristales rotos.
Llorando en alguna perdida cuna,
pide teta y caga un pañal
el próximo rey de los chivatos.
Peor aún es no poder contar
los lunares de una desnudez.
Y los hay que andan cabizbajos,
arrojando a las bocas de las alcantarillas
sus alianzas.
Mustios, se rodean de alacranes,
visitan cada día el sepelio de las decepciones.
La desidia está matando aún más que el dinero.
El Don divino se pierde en la infancia,
entre llanto y llanto,
entre telediarios de sobremesa
y castigos sin recreo,
con las golosinas sabor a fresa,
al aprender soplando las velas
a pedir un deseo.
¿Quién va a cerrar los ojos
y a encontrar la calma?
Yo, como ajeno a todo esto,
furtivo a la orilla de la lumbre
bailaría desnudo con Guevara
sonámbulo en la guerra de los mundos
Damián Varea
Entorno (Paseo poético)
Ed. Triquiñuela de artes y letras, 2006
Bailaría con Guevara
Contramaestre. Las aventuras del Capitán Chinaski. Primera entrega
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Contramaestre
Conocí al contramaestre Pool Nelson
hace muchos años, muchísimos,
en una sucia taberna holandesa.
Cuando Nelson bajó las escaleras
de aquel antro de bucaneros,
su aliento era humo de papel de arroz
y sus ojos, dos perlas de opio
derritiéndose bajo las lágrimas.
Yo obsevé como toda su persona
se iba degradando hasta quedar
casi sin dignidad.
Los delirios de aquel moribundo
inundaron mi alma de tristeza y de aflicción.
-Siéntate en mi madero bucanero,
tómate un trago.
¡Levanta ese ánimo!
Los hombres nunca deben llorar en tierra.
Tienes, manos de pescador
y ese cuchillo ceñido a tu faja
me dice de tí que eres un valiente guerrero.
¡Vamos! Bebe conmigo.
Tu suerte ha cambiado.
Necesito hombres para mi navío.
Ahora, tu espíritu sólo está cansado
pero yo te embarcaré en el más veloz de los navíos,
allí, tus lágrimas podrán mezclarse con la sal del mar,
hasta confundirse.
Allí serás un hombre nuevo.
Allí encontraras sosiego
Damián Varea
Primera entrega de:
Las aventuras del Capitán Chinaski
El último trago
EL ÚLTIMO TRAGO
Nacían versos constantes como un reloj
pero dejó de atraparlos
y acabaron desvaneciéndose con el viento
para no volver jamás.
Ya no alumbra versos el útero esteril de su cerebro
y se haya derrotado,
frente al insignificante papel en blanco
que fue su vida.
Con la mirada perdida
en el hábito de esa cortina de humo
que cubre su mano
y trepa por un vaso vacío.
¡Muerte, te desafío!
Se dijo mirándola a los ojos
y quedó a merced de la suerte que nunca tuvo.
El frío ha helado las intenciones de juglar,
qué coño importa que en radio 3 suene Pink Floyd.
El buzón repleto de embargos,
el cubo de la basura contiene la lepra,
la nevera enmohecida no enfría,
la botella ha llorado el último trago.
Aquella noche de silencio roto,
sus sesos nadaron alcoholizados
sobre un charco sanguinolento.
Para volver al hipódromo necesitaba dinero,
para apostar a la ruleta rusa, no.
Damián Varea
"Los óleos que lloran las alcayatas"
PUTA
PUTA
Vientre mojado por la lluvia.
Gotas que hacen diana en tu ombligo
y se pierden cuando tiras de la cadena
de plata que cuelga en tu cuello marcado
por eslabones de besos de tus dueños.
Tu rostro está limpio
de huellas y maquillaje
hoy te sientes libre
para ir en zapatillas por la calle
y tomar un café lento.
El humo de tu cigarrillo
trepa por tus dedos
y te toma como esposa
dibulando anillos en el aire.
Sabes que el deseo te espera.
Vuelves a ser una diosa
cada vez que lanzas tu mirada
a un hombre
o a una lata de conservas.
Vicente Llrente
Puta de "Menú del día"
Ed. Huacanamo, 2007
