Nada





NADA

Por aquel entonces yo miraba al mar desde cubierta
y nada más necesitaba.
Encontraba en aquellos atardeceres
y en el silencio del sol apagándose en la sal
el silencio de tu vientre
resbalando entre mis muslos cansados.

Por aquel entonces pintaba con carboncillo español
sobre lienzos de luz tu recuerdo desnudo.
Tendría que haber varado La Pena
en alguna playa donde nosotros
fuésemos nosotros.
Sólo tú y yo.
Ese uno que formábamos como estatua de sal
cristalizando al calor de la lumbre de la cocinilla.
Pero fue tan breve el tiempo,
tan sutil el odio
que pronto ya no hubo vuelta atrás.
Ni besos, ni palabras, ni nada.
Sólo tiempo muerto y enfermo de nostalgia.

Y ahora dónde iremos
si no al olvido de los pecios más profundos.
Tal vez ni eso,
tal vez ni al fondo del mar eterno.

Enviado el sábado 6 de febrero de 2010 | 12 pergaminos   | Archivado como: