Se quedó con su propia tristeza
llorándose en los zapatos
y fue abandonando migas
en el sendero de los infelices
como el que se olvida de apagar la luz
en la resurrección de las luciérnagas.
Se perdió el milagro
y ahora la maravilla es de otros
Sacra Leal
La resurrección de las luciérnagas
Desembarco
Hemos desembarcado sobre tanquilas aguas y nuestros pasos, nos han conducido a un bazar infinito. Tras un laberinto de callejas y pasadizos, un tumulto de gente nos ha acogido como al hijo pródigo. El aroma a incienso y a especias desconocidas penetra por todos nuestros poros y trae recuerdos de ningúna otra parte.
¡Mira contramaestre! La tripulación ya ha encontrado un lupanar donde calmar su sed. ¡Atajo de bribones!
¿Sabes, contramaestre? Hoy, al desembarcar, no he podido evitar sentirme un poco triste. Un tripulante, el Sr. Tipps, se ha acercado a preguntarme con extrañeza:
"Eh, Capitán, ¿Se ha fijado en los ojos de Africa?".
Yo no he sabido que responderle, Sr. Nelson. Y el me ha dicho:
"Capitan, los ojos de Africa son inmensos. ¿No ve los ojos de los niños? ¿Y sus mujeres, se ha fijado en los ojos de sus mujeres?. Capitán, fijese en los ojos de esos ancianos. Reflejan en su inmensidad, la tragedia de ésta tierra también inmensa. Tan llena y a su vez tan vacía. LLena de amor y vacía de solidaridad."
En este anochecer, contramaestre, he podido sentir a esta tierra como mi propia tierra, y sin embargo, el Sr. Tipps me ha hecho pensar, si no sería mejor desaparecer de aquí para siempre, dejarles vivir o morir en paz sin entrometerse en la evolución natural del ser humano, pero para eso, Sr. Nelson, me temo que ya es demasiado tarde. He sido por un instante, un insignificante ser humano que siente, que piensa, y que sufre por quienes padecen las injusticias de los hombres.
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viernes, 18 de abril de 2008
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Las aventuras del Capitán Chinaski
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